Centro Botín
El centro de arte diseñado por Renzo Piano, asomado a la bahía sobre los Jardines de Pereda.
Santander se ve en un día largo, y esa es su mejor virtud: no hay que elegir entre veinte monumentos dispersos ni hacer colas. Hay un puñado de sitios que explican la ciudad, y casi todos están cosidos por el mismo paseo junto al agua.
Se puede empezar con un café frente a la bahía, entrar en el Centro Botín, cruzar el Mercado del Este, comer en Puertochico y acabar viendo el atardecer desde el faro. Todo eso cabe en un día y se hace andando.
El centro de arte diseñado por Renzo Piano, asomado a la bahía sobre los Jardines de Pereda.
El paseo marítimo clásico, con los edificios señoriales a un lado y la bahía al otro.
Uno de los primeros mercados cubiertos de España, hoy con tiendas, hostelería y el MUPAC.
El antiguo puerto pesquero, hoy dársena deportiva y una de las zonas con más terrazas.
El palacio de principios del siglo XX en la península, rodeado de un parque público con vistas.
El faro del siglo XIX sobre los acantilados, con centro de arte y paseos por la costa.
El Centro Botín, la Plaza Porticada, el Paseo de Pereda, el Mercado del Este y Puertochico están a diez minutos andando entre sí, así que el centro se recorre sin plan y sin mapa: basta con seguir el agua.
El Palacio de la Magdalena, en su propia península rodeada de playas, y el Faro de Cabo Mayor, sobre los acantilados, piden autobús o un paseo largo. Los dos merecen el desvío, y el faro al atardecer es de esas cosas que se recuerdan del viaje.
Si tienes un segundo día, dedícalo a las playas y al paseo del Sardinero. Y si llueve, el Centro Botín y el Mercado del Este aguantan la mañana perfectamente.
El eje del centro se recorre en una mañana: Centro Botín, Paseo de Pereda, Mercado del Este y Puertochico están a diez minutos andando entre sí. Con la tarde se puede sumar el Palacio de la Magdalena o el Faro de Cabo Mayor.
Un centro de arte diseñado por Renzo Piano, asomado a la bahía de Santander. Es el edificio que cambió la fachada marítima de la ciudad y el punto de partida habitual de cualquier visita.
Se puede, pero es un paseo largo desde el centro. Está en su propia península, rodeado por las playas de la bahía, y muchos visitantes prefieren llegar en autobús urbano y volver andando por el paseo marítimo.
Arriba, en el faro, no hay hostelería. Conviene comer antes de subir: el propio recorrido de Santander te muestra los sitios a menos de kilómetro y medio de cada punto, y en Cabo Mayor la lista es corta.
Aparece en enSantander y que te encuentren. Es gratis y te lleva un par de minutos.
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